Lunes, 15 de Septiembre de 2014 20:13

La razón por la cual debemos quedarnos inmóviles para oír mejor

El cerebro sigue siendo el órgano más inescrutable para los caminos de la ciencia, pero poco a poco se va vertiendo luz sobre los mecanismos que lo rigen y sus principales funciones. Uno de los descubrimientos recientes que más ha llamado la atención en este sentido es el que explica el funcionamiento de la corteza cerebral auditiva, cuyas neuronas son activadas o desactivadas en función de nuestro movimiento corporal. Si nos quedamos quietos, oímos mejor, con mayor claridad y volumen, al mismo tiempo que el cerebro es capaz de trabajar de forma más eficaz. Un acto reflejo común a todo el mundo, ¿pero por qué sucede esto?

La conclusión principal de un estudio llevado a cabo por un equipo de neurobiólogos norteamericanos, y publicado en la revista Nature, es que las neuronas motoras, las referentes al sistema nervioso central, inhiben a las neuronas de la corteza auditiva. Un fenómeno por el cual el cerebro es capaz de abstraerse del ruido ambiente y centrarse en un sonido en particular para entenderlo con mayor precisión. Una suerte de economía de la escucha que se basa en la máxima de oír menos para escuchar mejor.

Si nos quedamos quietos, oímos mejor, con mayor claridad y volumen, al mismo tiempo que el cerebro es capaz de trabajar de forma más eficaz

El estudio de este grupo de investigadores, pertenecientes a la escuela de medicina de la Universidad de Duke (Carolina del Norte), servirá como base para desarrollar tratamientos más eficaces contra las discapacidades auditivas más comunes, así como contra las alucinaciones auditivas. Un avance que todavía requiere de nuevos estudios, pero sobre el que los autores se muestran optimistas.

El fenómeno de subir y bajar el volumen

Sólo un número determinado de neuronas motoras interfieren en este fenómeno. Se trata de aquellas que poseen una especie de extensión hasta otros subconjuntos neuronales situados en la corteza auditiva, mediante la que trasmiten señales eléctricas para neutralizar su funcionamiento. Identificarlas y llegar a alterarlas artificialmente podría abrir la puerta a la cura de patologías como la sordera.

El cerebro es capaz de centrarse en los sonidos que realmente nos interesen, subiendo su volumen, y abstraerse de los secundarios, bajándolo

Esta interferencia en las capacidades auditivas, cuando el cerebro está enviando señales de movimiento al resto del cuerpo, tiene entre sus objetivos poder controlar el volumen de los diferentes sonidos que percibimos. De este modo, el cerebro es capaz de centrarse en los sonidos que realmente nos interesen, subiendo su volumen, y abstraerse de los secundarios, bajándolo.

Un claro ejemplo de esta forma de procesar la información auditiva son las conversaciones cruzadas, en las que somos capaces de dejar de escuchar a quien no nos interesa para poder prestar mejor atención a las palabras de un interlocutor en concreto. La coordinación entre estas dos regiones cerebrales también es crucial para evitar distracciones, por ejemplo, cuando vamos al volante.

Los daños cognitivos de la pérdida de audición

La pérdida de audición es consustancial al envejecimiento. De las 15.000 células y 30.000 neuronas auditivas que se calcula puede tener un ser humano, ninguna de ellas tiene capacidad de regenerarse, por lo que poco a poco va disminuyendo la capacidad de audición. Una destrucción progresiva que se inicia ya a los 20 años de edad, a un ritmo de entre el 3,5 y el 7% de las células cada diez años. Sin embargo, los traumatismos en esta zona pueden acelerar la pérdida.

La eliminación de las células auditivas, que juegan un rol fundamental en la amplificación de los sonidos, distorsiona el procesamiento de cierta información e impide que se perciban los rasgos de frecuencia más agudos. Además, la sordera debida a la edad tiene otros efectos nocivos sobre el cerebro, como han demostrado varias investigaciones. Y es que el deterioro cognitivo es entre un 30 y un 40% más rápido en las personas con problemas de audición, lo que multiplica el riesgo de sufrir demencia. Unas problemáticas sobre las que arrojan algo más de luz estos nuevos descubrimientos, y que deben tratar de prevenirse realizando revisiones auditivas periódicas.


Fuente: El Confidencial

Madrid - 15/09/2014

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