Martes, 23 de Octubre de 2018 15:18

Se ruega silencio

Reducir el ruido interno y externo es la clave para dejar atrás el estrés y vivir una vida más plena

 

En nuestra vida cotidiana recibimos un constante bombardeo de sonidos. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas en la habitación más silenciosa de la casa, puedo oír: el sonido del motor de un coche, mi gata ronroneando, una radio lejana, dedos tecleando en el ordenador, mi respiración, la sirena de un coche de policía o de una ambulancia, otro coche, un vecino tosiendo en el rellano de la escalera, mi garganta tragando saliva, un claxon, el roce de mi pelo sobre la tela de la camiseta, la alarma del horno eléctrico que me avisa de que ha terminado de asar las verduras, el piano de la vecina repitiendo una y otra vez los acordes de I’m sticking with you, de la Velvet Underground…

 

También están presentes en la atmósfera los sonidos que todavía no oigo pero que quizá espero: el tintineo de un mensaje en mi teléfono móvil, el timbre de la puerta, la voz de mi hija llamándome al despertar.

 

Estos sonidos potenciales, explica la escritora y docente Amber Hatch en su libro The Art of Silence, pueden afectar más a la concentración que los sonidos reales, que a lo largo de los minutos van y vienen, unos más fuertes que otros.

 

Porque a los ruidos que esperamos a menudo les añadimos una carga emocional de impaciencia, frustración, miedo o anticipación. Este tipo de emociones también se suele asociar con otro tipo de ruido, uno que aunque nuestros oídos no puedan percibir es el más constante de todos: el ruido mental. La mente nunca deja de «hablar», recordándonos las mil y una tareas pendientes, nuestros errores pasados y presentes, las conversaciones difíciles que hemos mantenido o tememos mantener…

 

Sea del tipo que sea, estamos tan acostumbrados a percibir ruido que cuando en algún momento este cesa o baja de intensidad nos sentimos solos, aburridos o ansiosos. Por eso encendemos la radio al entrar en el coche o ponemos la televisión mientras hacemos ejercicio en casa, y por ese mismo motivo sacamos el teléfono móvil para surfear por las redes sociales mientras hacemos cola en el supermercado o esperamos a que el médico nos atienda. Acudimos tan a menudo al ruido y a la estimulación que hemos llegado a un punto en el que parece que ya no podemos escapar de ello.

 

La sociedad espera de nosotros que nos mantengamos al día respecto a las noticias, la moda, nuestros correos electrónicos, los grupos de whatsapp, las redes sociales. Y si no nos andamos con cuidado esta exposición constante puede acabar por abrumarnos, porque incluso en los escasos momentos en los que no nos llegan sonidos, mensajes de texto o cualquier otra información desde el exterior, nuestra mente no se detiene. ¿Cuántos minutos al día dedicamos a estar en silencio de verdad, si es que lo hacemos?

 

El maestro zen Thich Nhat Hanh habla en su libro, Silencio, de la importancia de la quietud: “El silencio es tan necesario como el aire que respiras, como la luz para las plantas. Si tu mente está repleta de palabras y pensamientos no te quedará espacio para ti”. Pero a pesar de su importancia, que podemos percibir de forma intuitiva, muchas personas no solo no se lo permiten sino que incluso se sienten incómodas en aquellos lugares en los que no reina un constante ruido de fondo.

 

Thich Nhat Hanh explica que el silencio hace aflorar con claridad las emociones que más nos esforzamos por esconder. Quizá por ello muchas personas lo temen y lo evitan, algo muy sencillo de hacer hoy en día gracias a la tecnología que nos rodea. Pero la proliferación de esta y los escasos espacios de quietud nos llevan sin remedio al estrés, explica Amber Hatch.

Si queremos alejarnos de ese peligro y reconocemos que necesitamos apaciguar el ruido de nuestras vidas esta escritora nos propone tres estrategias:


1. Aquietar el entorno. Para ello, trataremos de pasar más tiempo en lugares tranquilos y realizaremos actividades que nos lleven a la calma, lo que nos ayudará a crear las condiciones para que el silencio suceda con más frecuencia.

 

2. Cultivar relaciones tranquilas. La manera en que nos relacionamos con los demás tiene mucho impacto en nuestra calidad de vida. Llevemos paz y tranquilidad a nuestras conversaciones y activaremos así espacios de silencio.

 

3. Practicar el silencio interior. Trabajar alguna técnica que nos ayude a acallar nuestro torrente de pensamientos, como por ejemplo la meditación. Si practicamos con asiduidad seremos capaces de encontrar ese silencio interior en cualquier situación.

 

En su fascinante libro El silencio en la era del ruido el escritor, editor y explorador sueco Erlin Kagge explica que el silencio no es la simple ausencia de sonido: “Es más bien una idea. Un sentimiento. Una representación mental. El silencio que nos rodea puede albergar mucho, pero para mí es más interesante el silencio que llevo dentro. Un silencio que, en cierto modo, creo yo mismo”.

 

Quien también contempla el silencio como una experiencia es Sergi Torres. Aquellas personas que hayan asistido a alguna de las charlas de este conferenciante y escritor, quien se define a sí mismo como “alguien que sigue investigando quién es Sergi Torres y qué es ser un ser humano”, habrán comprobado que él mismo es, sin pretenderlo, un maestro de los silencios: “Para mí el silencio es un misterio y me resulta más fácil definirlo desde las sensaciones: es la sensación de estar en casa, de regresar a un hogar interno. Es algo que te envuelve, que te nutre, que te despierta, que te acalla por dentro”.

 

Para Torres, autor de ¿Me acompañas?, la razón principal por la que nos cuesta permanecer en ese estado es “porque no sabemos quiénes somos. Al no saberlo, necesitamos explicárnoslo constantemente, y esa explicación recurrente implica también que describamos a cada momento quiénes son los demás y qué es lo que sucede. Esa charla constante es la que no nos permite estar en silencio y simplemente disfrutar de un instante”.

 

El silencio en las tareas cotidianas

 

Erlin Kagge habla en su obra de la quietud que podemos alcanzar mientras realizamos las tareas del día a día en soledad, especialmente cuando nos entregamos a algún trabajo manual: “En mi condición de editor, veo que vendemos cientos de miles de libros que tratan sobre cómo hacer punto, fabricar cerveza o apilar leña. Se diría que todos, o al menos muchos de nosotros, deseamos volver a algo original, auténtico... y encontrar paz. Encontrar alguna alternativa al ajetreo. Hay algo lento en ese tipo de tareas, algo que permanece, algo meditativo. Las posibilidades de que alguien nos interrumpa mientras estamos en el sótano fabricando cerveza o haciendo punto son seguramente mínimas, por lo que podremos demorarnos en lo que estamos haciendo. Y eso precisamente, saber que nadie va a molestarme, y saber al fin por qué quiero estar a solas a lo mío, eso es un lujo. No se trata de tendencias ni de una nueva moda, sino de algo que, en mi opinión, refleja una profunda necesidad humana”.

 

Algunas propuestas para cubrir esta necesidad, si por el momento no tenemos pensado convertirnos en fabricantes de cerveza casera, podrían ser:

 

1. Hacer un retiro, si es posible en un entorno natural. No es necesario que sea muy largo: un par de días pueden constituir una pausa significativa.

 

2. Flotar. Los tanques de flotación son cada vez más populares y fáciles de encontrar.

 

3. Utilizar el ruido blanco para aislarse de cualquier otro sonido. El ruido blanco es un término que se usa en física para referirse a un ruido que contiene múltiples frecuencias de entre todo el rango de frecuencias audibles, todas a la misma intensidad. El resultado es una especie de zumbido que algunas personas utilizan para dormir mejor o para desconectar de otros ruidos del ambiente.

 

4. Practicar el silencio en compañía. Se dice que la prueba de que una amistad es profunda es que los amigos son capaces de sentarse el uno junto al otro en completo silencio. Propongámonos hacerlo durante media hora, al menos, una vez por semana.

 

5. Introducir el silencio en nuestras conversaciones. Antes de decir algo nos haremos las siguientes preguntas: ¿Es cierto lo que voy a decir? ¿Es necesario? ¿Es amable? Solo si podemos responder afirmativamente a las tres hablaremos. En cualquier otro caso callaremos.

 

6. Aprender de los animales. Ellos se comunican casi siempre en silencio, y a pesar de ello sus mensajes son siempre honestos, exentos de segundas intenciones.

 

El filósofo alemán Schopenhauer decía que una persona solo puede ser ella misma en la medida en que se encuentra a solas consigo, e identificaba la capacidad de estar solo con la libertad. Del mismo modo, Henry David Thoreau afirmaba sentirse mucho más pleno y acompañado en soledad que en la compañía de cualquiera.

 

La propuesta no sería tanto volvernos todos unos ermitaños o construirnos un Walden con nuestras propias manos, como Thoreau, sino reservarnos ciertos oasis silenciosos en los que poder conectar profundamente con nosotros mismos para vivir una vida mucho más rica.

 

Apagar Netflix y encender el alma. Y hacerlo con regularidad. Para Erlin Kagge, “aislarse del mundo no consiste en dar la espalda al entorno, sino en lo contrario: en ver el mundo con un poco más de claridad, mantener un rumbo e intentar amar la vida. El silencio es enriquecedor en sí mismo. Es una cualidad, algo exclusivo, un lujo. Una llave que puede abrirnos a muchas formas nuevas de pensar”.

 

Sergi Torres concluye que las claves para encontrar el silencio en mitad del ruido auditivo y mental que nos rodea son dos, la honestidad y la responsabilidad: “Si eres honesto contigo mismo escucharás tu ruido. Y si consigues hacerte responsable de él, abrazarlo, descubrirás que aquello que lo abraza es el silencio”.

 

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20181020/452426807560/silencio-ruido-interno-externo-estres-vida-plena.html

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